Resistencia al cambio: ¿Buena o mala?

Estamos acostumbrados a hablar del cambio. Vivimos en un mundo en el que impera el cambio: en el trabajo, en las costumbres, en la vida personal, en la política.. Hablamos de que tenemos que adaptarnos al cambio, aprender de él. Pero… ¿realmente es tan malo resistirnos al cambio?

¿Qué es realmente la resistencia al cambio?

La resistencia es, por definición, cualquier fuerza que reduzca o impida el movimiento. Se trata de un término científico y se deriva de las leyes del movimiento de Newton. Todo objeto en movimiento permanece en movimiento a no ser que lo impida una fuerza exterior. Para cada acción existe una reacción opuesta equivalente. La resistencia es pues una parte esencial del equilibrio del universo.

¿Y si no hubiera resistencia al cambio?

¿Qué pasaría en tu organización si todo el mundo se viera siempre influido por todos los demás para cambiar su actitud, su comportamiento o su forma de hacer las cosas sin ningún tipo de duda o resistencia? Sería un caos.

Por tanto, la resistencia al cambio tiene su razón de ser. Gracias a ella las estructuras mantienen cierta continuidad. Las personas son capaces de evaluar y priorizar basándose en su experiencia. Reaccionan en base a lo que los cambios les hacen sentir. Ralentizan las cosas y eso muchas veces es positivo. La fricción es un elemento clave para que las cosas funcionen bien.

¿Por qué nos resistimos al cambio?

Normalmente, cuando las personas se resisten al cambio, es porque hay algo ahí que les preocupa, no les es indiferente. Se resisten para seguir teniendo cierto control sobre la situación. Si conseguimos transformar esa energía en algo constructivo, avanzaremos mucho.

¿Cómo afrontar la resistencia al cambio?

La resistencia es también una puerta a la empatía. Cuando las personas responden al cambio de una manera inesperada, debemos sentir curiosidad acerca de lo que está pasando e intentar comprender su punto de vista. En vez de ponernos a la defensiva, convirtamos nuestra frustración en empatía y curiosidad.

La resistencia es, en definitiva, una fuerza equivalente y opuesta al cambio. No luches en contra de ella. Úsala a tu favor, empatiza con las personas que se resisten y modifica tu forma de actuar cuando sea necesario. Dales cierto control del proceso haciéndoles participar. Convierte toda esa energía de la resistencia en una fuerza a favor del cambio.

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Resistencia al cambio: ¿Buena o mala?

por Jesús Rodríguez