¿Cómo cambiar cuando tu cerebro no quiere?

¿Cómo cambiar? Te propongo lo siguiente. Para un momento y cruza los brazos. ¿Ya? Bien, ahora crúzalos al contrario: el que hayas puesto arriba ponlo debajo y viceversa. ¿Cómo te resultó más sencillo? Si crees que la segunda vez te costó más, estás en lo cierto. De hecho, cuando lo hiciste por primera vez, la señal procedía de un lugar muy diferente del cerebro.

Los hábitos son acciones que elegimos hacer en un momento determinado y que tras un tiempo se vuelven automáticas. Los hábitos abarcan aproximadamente el 45% de todos nuestros actos diarios. El cerebro es algo vago. Desconoce si se trata de un hábito bueno o malo. Se limita a transformar todo lo que piensas, dices o haces de forma repetida en un hábito. Así tiene que trabajar mucho menos.

Cuando hemos cruzado los brazos la primera vez, nuestro sistema límbico controlaba nuestra acción. La segunda vez el mensaje provino del cortex prefrontal.

La mayoría de nosotros no llevamos bien los cambios porque chocan contra nuestros patrones de comportamiento habituales. Pero lo cierto es que, tal y como reza el dicho, “si haces lo que siempre has hecho, no esperes conseguir algo diferente.”

Cambiar a nivel tanto personal como profesional implica la creación de nuevos hábitos. Cuanto más arraigados estén los viejos hábitos más nos va a costar adquirir otros nuevos. Lo bueno es que sí podemos entrenarnos a pensar y actuar de otra manera. Cuanto más lo hacemos, más fácil resulta adquirir nuevos hábitos.

La próxima vez que quieras realizar un cambio, ten en cuenta estas ideas.

No puedes luchar contra las emociones con la lógica

Cuando queremos cambiar, es frecuente que sintamos ansiedad y miedo ante lo desconocido. Aunque dicho cambio nos parezca la mejor alternativa, estas razones no nos alivian. Lo mejor es darse tiempo para sentir esas emociones y empezar a conocerlas. Pregúntate por qué te puedes estar sintiendo así. No te juzgues. Acepta tus emociones como primer paso para conseguir cambiar.

Identifica qué es lo que te va a aportar

Aunque sepas que el cambio es para bien, es fácil resistirse. Es importante que trates de identificar qué es lo que te va a aportar dicho cambio. Esto va a ser tu motivador y lo que te puede hacer persistir. Si no eres capaz de identificar un beneficio, plantéate qué es lo que vas a evitar o qué es lo que puedes perder si no realizas el cambio.

Identifica los obstáculos

Incluso aunque sepamos que hay mucho que ganar con el cambio, aún así, los obstáculos de la falta de tiempo, la falta de energía o “las cosas de la vida” parecen barreras infranqueables. Debes determinar cuáles son esas barreras y qué es lo que vas a hacer, decir o pensar cuando surjan.

Rodéate de la gente adecuada

Todos tenemos cerca personas que literalmente nos quitan la energía. Se trata de esas personas que nos rodean y cuya vida está llena de estrés y dramas. Son las personas tóxicas. Es fundamental identificarlas y distanciarse de ellas. Pero no te limites a esto, rodéate además de las personas que te motivan, te dan energía y te animan a luchar por lo que quieres conseguir.

No pierdas la perspectiva

Cuando vienen las vacas flacas y todo son dificultades, es fácil perder la perspectiva. En esos momentos debes pensar en lo contrario: ¡Qué fácil es saber lo que hacer en cada momento cuando ya lo hemos conseguido y miramos hacia atrás? Si persistes esos malos momentos pasarán y tu constancia dará sus frutos. No pierdas la perspectiva.

Recuerda que si quieres actuar de forma diferente, debes pensar de otra manera. Podemos ayudar a nuestro cerebro a adquirir nuevos hábitos, enseñarle a cómo cambiar. Requiere voluntad y coraje para salir de nuestra zona de confort. El cambio puede acojonar, pero si te centras en controlar el proceso de cambio, los frutos estarás a la vuelta de la esquina.

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¿Cómo cambiar cuando tu cerebro no quiere?

por Jesús Rodríguez