5 cosas que te harán feliz

Existen demasiados consejos sobre cómo ser más feliz. Pero ¿cómo acertar si somos todos tan diferentes? Lo que a mí me hace feliz a ti, a lo mejor, nada de nada o todo lo contrario. Al final es un tema muy subjetivo. Sin embargo, ¿por qué no recurrir a la ciencia? ¿qué nos dice la ciencia sobre la felicidad?

Felicidad y neurociencia

El investigador Alex Korb de la UCLA University ha invertido mucho tiempo investigando los efectos de una variedad de estrategias orientadas a mejorar el nivel de felicidad. Sus resultados nos dan mucha información sobre lo que podemos hacer para ser más felices.

Las investigaciones de Korb demostraron que nuestros pensamientos (y las emociones que sentimos como respuesta a los mismos) tienen un gran impacto en diferentes áreas del cerebro. La culpa y la vergüenza, por ejemplo, activan los centros de control, lo que explica que tengamos tanta tendencia a sentir culpa o vergüenza. Por otro lado, la preocupación aumenta la actividad neuronal en el cortex prefrontal (el cerebro racional), lo que explica por qué sentirnos preocupados nos da una mayor sensación de control que si no hacemos nada de nada.

La gratitud genera felicidad

La gratitud es un antidepresivo neuronal. Aumenta los niveles de serotonina y dopamina. Lo más curioso respecto a la gratitud es que funciona incluso cuando las cosas no van bien. No es necesario que la gratitud sea espontánea. Puedes provocarla tu mismo pensando sobre algo de tu vida que realmente valores. Es una forma de entrenar tu pensamiento para activar el cerebro haciéndote sentir más feliz.

Dar nombre a los sentimientos negativos disminuye su intensidad

En un estudio se realizó escáneres cerebrales a los participantes mientras ponían nombre a sus emociones negativas. Cuando conseguían identificar esas emociones negativas y las describían, el cortex prefrontal tomaba el control y la amígdala reducía su actividad. Este fenómeno no solo ocurre con las emociones. Nombrar las emociones negativas de otras personas también les ayuda a reducir su intensidad.

Tomar decisiones nos sienta bien

La toma de decisiones también activa al cortex prefrontal, inhibiendo la actividad de la amígdala. La clave está en tomar una decisión “lo suficientemente buena”. Cuando queremos tomar la decisión correcta sentimos estrés. Eso es algo que ya sabíamos, pero ahora existen suficientes datos científicos como para saber por qué. Tomar decisiones lo suficientemente buenas activa las áreas dorsolaterales prefrontales del cerebro, reduciendo la intensidad de nuestras emociones y dándonos una mayor sensación de control. Cosa que no ocurre cuando no nos permitimos el error y queremos que la decisión sea perfecta. En este caso, la actividad ventromedial frontal se intensifica implicando en demasía nuestras emociones en la toma de decisiones.

También ayuda echar un cable a otras personas

Dedicar algo de tiempo a ayudar a un colega o un familiar les alegra a ellos, pero también a ti. Ayudar a los demás nos da un chute de oxitocina, serotonina y dopamina. Todas estas sustancias nos provocan sensaciones positivas. En un estudio realizado por la Universidad de Harvard, los empleados que ayudaban a sus compañeros tenían una probabilidad mayor de estar centrados en su trabajo, mucho más (¡hasta 10 veces más!) aumentando sus probabilidades de ascender en un 40%. El mismo estudio también indicaba que las personas que ofrecían apoyo a los demás se mostraban más alegres en situaciones de estrés. La única precaución es no comprometerte en exceso con los demás hasta el punto de no poder atender tus propias tareas.

Nuestro cerebro tiene una programación social

Somos animales sociales hasta el punto que nuestro cerebro reacciona ante la exclusión social del mismo modo que ante el dolor físico. De igual modo, nuestro cerebro interpreta el contacto físico como aceptación social. El contacto físico es uno de los estímulos primarios para la liberación de oxitocina, reduciendo la actividad de la amígdala teniendo un efecto calmante. Hay estudios que sugieren que ir agarrados de la mano con una persona a la que apreciamos reduce la sensación de dolor. El contacto reduce las hormonas del estrés, reduce la percepción del dolor, mejora el sueño y reduce la fatiga.

Podemos impulsar nuestra felicidad

Todo está interconectado. La gratitud mejora el sueño. El sueño reduce el dolor. La reducción del dolor fomenta un estado de ánimo satisfactorio. Un buen estado de ánimo reduce la ansiedad, mejorando nuestra capacidad de concentración y planificación. La concentración y la planificación nos permite tomar mejores decisiones. Las buenas decisiones nos ayudan a reducir la ansiedad y aumentar nuestra capacidad de disfrutar de la vida. Disfrutar de la vida nos da más motivos para sentir gratitud haciendo que el ciclo siga su inercia aumentando nuestra felicidad.

5 cosas que te harán feliz

por Jesús Rodríguez